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Guía para Creyentes: Por Quién Votar en las Elecciones del 2026

Updated: Dec 6, 2025

En las elecciones del 2022 en Costa Rica, el expresidente José María Figueres visitó un templo para arrodillarse y orar a Dios el día de la votación.

A muchos la escena les generó una pregunta: ¿Sería el exmandatario alguien de verdad devoto al Altísimo? ¿Alguien que honra a Dios con sus acciones?

No somos quienes para juzgar ni condenar —ni deberíamos—. Pero más allá de la capacidad técnica o profesional que un candidato pueda o no tener, el incidente nos lleva a considerar la relación entre la fe y la política. Nos hace también contemplar la integridad moral de quienes nos representan en el poder.


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Cinco Criterios para Evaluar a Líderes Públicos

Los escritos bíblicos contienen una biblioteca de voces que pueden darnos sabiduría al evaluar a los candidatos a la presidencia y a los diputados, sobre todo cuando profesen ser personas de fe. Aquí hay espacio nada más para un resumen de cinco criterios:

1) “Cuando fui a ustedes para anunciar el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría . . . sino que estuve entre ustedes con debilidad, y mucho temor y temblor.” (1 Corintios 2:1-3)

Según el apóstol Pablo, la asertividad y la elocuencia no tienen prioridad en el cristianismo. Quien mejor habla no es quien mejor actúa. Más bien, “Dios ha escogido lo débil para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:27). Ante una congregación que admiraba el carisma y la sabiduría mundana, Pablo enfatizó una y otra vez la “estupidez” de un rey crucificado (1 Cor 1-2).

Por el contrario, “la fe, la esperanza y el amor” (1 Cor 13) son la marca de quien tiene el Espíritu de Dios.

2) “Solamente nos pidieron que nos acordáramos de los pobres; lo cual también procuré hacer con diligencia.” (Gálatas 2:10)

Acá los apóstoles de Jerusalén instaron a Pablo a retomar el lugar prioritario que tenían los más necesitados en el judaísmo (la viuda, los huérfanos, los extranjeros). De ahí que acordarse de los más pobres no sea una opción; más bien, es un llamado que requiere “diligencia”.

Lo enfatiza también Juan en su evangelio y en sus cartas, donde subraya que quien dice amar a Dios debe también amar a quienes no tienen casa ni pan. Por su parte, el autor del Apocalipsis condenó “la vanagloria y el lujo arrogante” (Apocalipsis 18:7) como algo incompatible con seguir a Jesús.

3) “No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que juzguen serán juzgados, y con la medida con que midan se les medirá.” (Mateo 7:1-5)

Un verdadero creyente no apunta dedos ni condena a otros, sino que extiende manos; no juzga, más bien construye y busca primero que su vida refleje lo que predica. Nadie puede tirar piedras porque nadie está libre de pecado.

Por el contrario, la fe nos lleva a la introspección, al arrepentimiento interno y al proceso de purificación que el Espíritu Santo genera en nosotros.

4) “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6:24)

Este reto atraviesa el corazón de lo que implica servir a Dios y al evangelio, pero no con la boca sino con la vida. Quienes priorizan el crecimiento económico por encima del bien común se equivocan y distorsionan la política de Jesús. Los escritores de la Biblia son todos enfáticos en que el dinero no es una meta, sino un instrumento que debe ponerse al servicio del reino de los cielos aquí abajo.

La gente de fe debe reconocer que el dinero es un medio para alcanzar los propósitos de Dios en la tierra: una vida de justicia y paz para todos, en especial para los más necesitados (Santiago 2:1-13; 1 Juan).

5) “Revístanse de afecto entrañable y bondad, humildad, amabilidad y paciencia…” (Colosenses 3:12-14)

Muy por encima de sus promesas en campaña, quien sigue a Jesús refleja las distintas virtudes que los apóstoles enumeraron en varias de sus cartas. En este caso, según el apóstol Pablo, cada quien dentro de la comunidad de los creyentes está llamado a hacer buenas obras, a ser humilde, a tener capacidad de escucha, a comportarse de forma amable con todos y a ser paciente ante sus oponentes o detractores.

Además de las propuestas políticas y económicas (importantes), el carácter y la integridad moral de quienes lideran son todavía más importantes.

Más Allá de Frases Puntuales

Entre muchos otros, estos son solo cinco aspectos que podemos tener en cuenta al elegir a un candidato. Más allá de frases puntuales en esta guía para creyentes —y del virus de la llamada versiculitis aguditis— necesitamos evaluar a los candidatos (y a sus partidos y diputados) a la luz de toda la narrativa del canon de las Escrituras. Esta narrativa comienza con la creación de todas las cosas, se detiene en la llegada del reinado de paz y justicia desde tiempos de Jesús y apunta a la restauración de todas las cosas aquí en la tierra.

Todavía más importante: debemos comparar qué tan bien los distintos candidatos reflejan el carácter de Jesús mismo, a quien el autor del Apocalipsis proclamó Rey de reyes. 

“Imiten a Dios como hijos muy amados y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios.” (Efesios 5:1-2)

Independiente de discursos, independiente de oraciones, independiente de arrodillarse o no en un templo, es la forma de vivir la que importa: “la fe que actúa por medio del amor” (Gálatas 5:6).

¿Refleja esta persona el carácter de Jesús? ¿Imita con su vida el amor de Dios? ¿Hay evidencia de que haya impulsado políticas que demuestren dar prioridad a los más marginados y olvidados en las zonas más remotas de Costa Rica?

Un candidato que ejemplifique el amor de Dios buscará gobernar para todos, incluidos sus detractores. Más importante, gobernará sabiendo que él o ella mismo no es ni bueno ni justo sino necesitado, al igual que los demás, de la sabiduría, la gracia y la bondad de Dios.

Resuena aquí el llamado de Jesús en el Sermón del Monte:

“Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan el bien a quienes los odian, y oren por los que los maltraten y los persigan; para que así sean hijos de su Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” (Mt 5:44-45)



Eduardo Sasso es máster en teología interdisciplinaria y autor de Jesús Presidente, un libro que explora el legado de Jesús de Nazaret para el mundo de hoy.

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