Los Orígenes Cristianos de la Derecha y de la Izquierda
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“[Las políticas públicas] pueden ayudar a arreglar algunos problemas que el mercado no está capacitado para solucionar” — Bill Gates
“Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás.” —Apóstol Pablo a los Filipenses (2:4)
No es noticia que la gente está cada vez más dividida, cada uno afirmando tener razón y criticando al otro, adentrándose cada día más en las dos grandes trincheras de siempre. La derecha apuesta por la libertad, por la propiedad privada, por la competencia, por el ‘yo’ y ‘mi familia’, por ‘Dios’ y ‘la patria’; la izquierda, por mayor igualdad de oportunidades, por la ‘sociedad’, por proteger a los vulnerables y cuidar la vida en la Tierra.
“¿Quién tiene razón?” Esa ya no pareciera ser una pregunta importante ni siquiera: ante el bochinche actual, cada lado simplemente confía estar en lo correcto, asumiendo que el otro no. Menos común todavía es estar abiertos a la posibilidad de que ambos llevan algo de razón —y qué también los dos están en parte equivocados—.
Sin estar alertas, aquí el instinto cavernícola y su mentalidad binaria nos puede dominar, llevándonos a visiones cortas y simplistas. De ahí que es fácil caer en la trampa de creer que la economía se trata de ser de derecha o de izquierda, y de que sólo se puede tener una orientación u otra. Ponerlo así, sin embargo, simplificando la cuestión en sólo dos alternativas básicas y en apariencia incompatibles, resulta ser una ‘dicotomía falsa’. Por el contrario, una mente amplia reconoce que es un error pensar que sólo hay dos opciones, que son mutuamente excluyentes, y que no hay más.
Contrario a esa tendencia del cangrejo, ¿qué si no hay que elegir ni contraponer derecha contra izquierda, sino buscar que se complementen? Antes de responder esa pregunta, vale la pena un paso atrás y sacar los libros de historia para remontarse a la época convulsa de la Revolución Francesa.
EL IMPASE ORIGINAL
El impase entre la ‘derecha’ y la ‘izquierda’ se remonta a 1789, seguida la Revolución Francesa cuando los nuevos diputados conformaron una Asamblea Nacional Constituyente.
Los que optaron por sentare a la ‘derecha’ del presidente era quienes apoyaban mantener el orden existente, incluyendo mantener la monarquía del rey de Francia y la jerarquía de las autoridades de la iglesia. En buena parte, quisieron ‘conservar’ lo tradicional hasta ese momento en Europa. Vivir bajo el mando de la corona y de la iglesia era, de hecho, algo con cierta resonancia entre las tradiciones bíblicas que mantenían viva la memoria del rey David o el rey Salomón.
Los que optaron por sentarse a la ‘izquierda’ del presidente, apoyaban por su parte la igualdad más horizontal entre todos los seres humanos. Esa estructura ‘democrática’ era por su parte un legado ideológico con raíces lejanas (y no-siempre-evidentes) en el primer libro de la Biblia, donde el narrador del Génesis declara que todos los seres humanos son creados en la imagen y semejanza de Dios. (El Génesis contrastaba con los imperios babilónicos y egipcios del pasado, que decían que sólo el rey representaba la imagen del dios supremo.)
Los de ‘izquierda’ apoyaron también darle más poder a las clases trabajadoras y a los paisanos y campesinos. Aunque a la distancia, ese fue otro legado de los profetas del Antiguo Testamento y del ejemplo mismo de Jesús, quien le dio atención especial a los marginados y a los pobres. El rechazo de las jerarquías a favor de la igualdad también se vio influenciada por la declaración del apóstol Pablo de que en la unidad que creó el Mesías quedaron abolidas las distinciones entre ‘esclavos’ y ‘libres’ (p. ej. Filemón 15-17; Gálatas 3:28).
Primera objeción: “Pero, ¿cómo se atreve a decir tal cosa? ¿No sabe usted que los revolucionarios de Francia eran más bien seculares y racionales?”
Es común creer que los ideales ‘democráticos’ de la ‘izquierda’ de la Revolución Francesa nada tuvieron que ver con el cristianismo, sino con pensadores ‘seculares’ anti-iglesia, como Jean-Jacques Rousseau o Voltaire. En principio, eso aparenta ser el caso.
Pero hay algo invisible que se ignora. Como lo ha hecho ver el filósofo político Charles Taylor en su obra monumental A Secular Age los pensadores de la Ilustración estaban profundamente ‘en deuda’ con las nociones humanísticas que sin darse cuenta heredaron del cristianismo. Esto así después de los más de 1.500 años de influencia directa e indirecta de las iglesias sobre todos los ámbitos y dimensiones de la vida en tierras europeas. En importantes sentidos, el cristianismo llegó a ser a la cultura en Europa, lo que el aire es a respirar. Se dio por un hecho.
Cierto: los humanistas seculares de ‘izquierda’ en Francia rechazaron un cristianismo añejo, aliado al poder, institucionalizado, pero en gran parte sin estar al tanto que el ‘universo intelectual’, por así decirlo, de los cuales tomaron prestadas muchas de sus aspiraciones, ya estaba ‘cristianizado’ desde un inicio. (La igualdad de todos los seres humanos no era un valor de los romanos ni de ningún imperio anterior.)
Una de las ironías de la historia es que la izquierda francesa rechazó formalmente lo que se vivía como cristianismo, pero retuvo los valores humanísticos de esa fe… sin darse cuenta que el corazón de los valores de izquierda, era cristiano: libertad, igualdad, fraternidad.
Segunda objeción: “¿Pero no es que la ‘libertad’ es la marca distintiva de la derecha más bien?”
Aquí hay algo igual de irónico: hoy hay quienes se llaman cristianos de ‘derecha’, pero apoyan a la vez a líderes políticos de corte absolutista, o bien a corporaciones empresariales gigantescas. Eso es una contradicción, y les hubiera parado la peluca a los promotores originales de la derecha económica.
Los principales promotores del ‘liberalismo’ británico fueron John Locke y Adam Smith. Aunque no fueron ‘cristianos’ en un sentido espiritual ni trinitario, los dos surgieron de contextos protestantes racionalizados. Y al igual que los seculares humanistas en Francia, éstos dos arquitectos intelectuales del liberalismo también tomaron prestados sus ideales de ciertas corrientes políticas de la Biblia. El protestantismo llegó a enfatizar la fe y responsabilidad del individuo ante el Cristo, reconociendo sólo a Jesús como el único rey soberano sobre todos los demás. “¡Solus Christus!” era uno de los lemas de los protestantes de la época.
De ahí que tanto John Locke como Adam Smith se opusieron a tiranías absolutistas y al abuso de los gremios. Enfatizaban más bien la libertad individual de las personas y los mercaderes viviendo todos bajo la misma ley. Consciente o inconscientemente, se basaron así la visión de los libros de Moisés: el vivir bajo la ley de Dios y ser libres de la opresión y persecución de regímenes faraónicos en donde los pocos en poder oprimían a los muchos. La anarquía económica y la concentración de poder en cualquiera de sus manifestaciones son anticristianas, y los liberales originales lo supieron reconocer.
SIGUIENDO ADELANTE
Una imagen diferente ayuda a dejar atrás la división tan trillada que lleva a creer que sólo hay dos caminos que se dirigen hacia lugares opuestos (derecha o izquierda). Pensemos más bien en una pirámide con fundamentos, o en un nido como cuna. Pensemos en apostarle a un planeta fértil y sano que pueda sostener una sociedad con bases sólidas y que esta, a su vez, sea capaz de alimentar y resguardar la libertad, la iniciativa personal y la santidad de la vida de cada quien.
O cambiemos de imagen: el cerebro y sus dos hemisferios. El hemisferio derecho se ocupa de reconocer caras, ubicarse en el espacio y procesar emociones; el izquierdo, de las matemáticas, la lógica y el idioma. Si bien cada lado ejecuta sus tareas únicas, ambos se complementan, se interrelacionan y trabajan siempre en conjunto al servicio de un todo mayor.

Lo mismo podríamos decir de las piernas, los ojos o los brazos. Tenemos uno derecho y otro izquierdo, pero cuando alguno de los dos falla, todo se complica. Por más evidente que parezca, hace daño creer que hay que escoger entre derecha e izquierda —o que hay que amputar un lado o el otro—, en lugar de permitir que trabajen juntos.
SOCIEDADES INTEGRALES
Muy parecido sucede a nivel de la sociedad y de la economía. La sociedad se vuelve disfuncional y renquea cuando sólo le apostamos a una dimensión. Urge más bien sentarse a dialogar y tomar acción conjunta entre quienes hasta ahora se identifican más con las derechas y quienes se inclinan más hacia las izquierdas. Es hora de dejar atrás ese péndulo infinito y ese pleito que tiene ya varios siglos de estar medio obsoleto.
En contraste, hay que unir esfuerzos para construir un país de primera que aspire a lo alto. Al igual que la cola del tiburón, las piernas derecha e izquierda nos sirven precisamente para mantener un equilibrio y caminar hacia adelante.
Bien lo dijo un empresario: “No puede haber negocios exitosos en sociedades fracasadas.” No puede haber prosperidad donde hay crimen; paz donde hay presas; buen sueño donde hay ruido; ni mucho menos vida y placer donde se acumulan aguas negras.
Puesto en positivo: Las empresas e iniciativas emprendedoras requieren sociedades estables y sanas para surgir —sociedades en las que todos tengan sus necesidades satisfechas y puedan así contribuir al buen vivir y a una plenitud que beneficie a los demás—.
De ahí que la mentalidad de la superabundancia le apuesta a las “ventajas colaborativas”. Trabajando juntos por el bienestar compartido logramos más. Por eso las sociedades de avanzada, como las hay en Noruega, Francia o Japón, impulsan emprendimientos holísticos y sistemas institucionales inteligentes y solidarios que permiten que a nadie se le vacíe la billetera por una operación de cadera ni por enviar a sus hijos a la escuela. Saben que el bienestar de cada quien está integrado al bienestar de la colectividad.
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Independientemente de los tonos blancos, grises y a veces oscuros que han surgido de ese debate desde el siglo XVIII, vivimos en el siglo XXI. Es hora de aprender de la historia, retomar lo bueno, descartar lo malo, y pasar de página. Suficiente de ser vencidos por la mentalidad binaria que quiere hacernos creer que sólo la derecha o sólo la izquierda llevan la razón. La vida es más compleja que eso, y más interesante.
Bien hacemos en fomentar un debido respeto y honor a las autoridades; en proteger los derechos individuales a la propiedad; en crear condiciones para mercados justos que fomenten verdadera libertad para todos, y el no libertinaje para pocos. Bien hacemos en fortalecer la iniciativa emprendedora, la creatividad, la innovación que responda a los desafíos que son nuevos todos los días. Estos y otros son algunos puntos a favor de las derechas (con ‘s’ plural, porque derechas hay varias).
Bien hacemos también en construir sociedades que atajen a los vulnerables para que nadie se caiga en precipicios; en donde todos puedan tener techo y estar sanos sin quedar en bancarrota; en donde aprender e instruirse no sea un privilegio para pocos sino un acceso para todos. Estos y otros son algunos puntos a favor de las izquierdas (también con ‘s’ plural, porque izquierdas hay varias).
Transponiendo la cuestión a épocas antiguas, en todo caso resuenan aquí las palabras tan poco homenajeadas del propio Jesús:
»Ustedes han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo’. Pero yo digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en los cielos. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué hacen de más? ¿Acaso no hacen esto hasta los mismos paganos? Por tanto, sean perfectos como su Padre celestial es perfecto.» (Mateo 5:43-48)
EduardoiS4ss0 es Máster en Teología Interdisciplinaria, consultor de economía circular, y el autor de Jesús Presidente, un libro reviviendo el legado de Jesús de Nazaret para el mundo de hoy.



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