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El Señor, los Cristianos, y las Autoridades Superiores

Updated: Jan 16

Pasadas tres décadas desde el inicio del movimiento emergente que instauró Jesús, el apóstol Pablo dirigió estas palabras a los creyentes en Roma:


“Sométanse a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.” —Romanos, 13:1-2

¿A qué se refirió el apóstol?

Este artículo resume un mito común que ha surgido al arrancar estas palabras de sus contextos, y termina con una mirada más cuidadosa a lo que Pablo quiso decir.

Mito Popular...

La frase ha sido carta blanca para que personas en posiciones de autoridad consideren que su autoridad mundana les otorga una legitimidad supuestamente sagrada y absoluta para ejercerla.

No está de más recordar que esta fue una de las frases utilizadas por el régimen del nacional socialismo y por varias iglesias alemanas para validar (y aplaudir) el ascenso de su líder al poder en 1933. Desde tiempos de Martín Lutero, muchos alemanes llegaron a creer que existían dos reinos: uno (supuestamente) ‘espiritual’ en el que reinaba Cristo, y otro (supuestamente) ‘terrenal’ en el que Dios gobernaba a través de la espada de los gobernantes.

Y (algo) de razón llevan esos puntos de vista: los escritos bíblicos testifican que el Creador quiere un mundo de paz y justicia, donde las sociedades se ordenen por medio de sus reyes (o sus líderes) para dar cabida y bienestar a todas las personas. El primer evangelio nos recuerda que Jesús mismo declaró que Dios “hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45).

Dicho eso, el apóstol Pablo quiso afirmar algo distinto de esa interpretación que separa lo ‘espiritual’ de lo ‘terrenal’, o que abusa de lo espiritual para imponer el poder sobre lo terrenal. En contraste, Pablo habló entre líneas para quienes tuvieran oídos para oír y astucia para entender.

...vs. Perspectiva Silenciada

Considerando que la Carta a los Romanos la dirigió a una comunidad absolutamente microscópica que vivía en las sombras de la capital de uno de los imperios más sangrientos y atroces de la antigüedad, ¿será que el apóstol estaba más bien subvirtiendo y socavando la supuesta superioridad del emperador romano?

Los romanos se exaltaban a sí mismos como la cultura escogida por los dioses para traer paz y justicia al mundo entero —algo que lograban, en gran parte, a través de los impuestos y de la violencia militar de lo que llamaban la Pax Romana—. Así que confrontar al César era una mala idea.

Por eso, además de nunca afirmar que las ‘autoridades superiores’ tuvieran supremacía total o absoluta, ¿estaba Pablo más bien desacreditando la supuesta hegemonía del César? De manera sutil y astuta, ¿estaba haciendo ver que no existe emperador ni autoridad que esté por encima —ni a la par— de Dios? (Leamos el pasaje de nuevo y veamos cómo, lejos de exaltar a las autoridades sobre todo poder, el apóstol las estaba relegando por debajo del Altísimo, el único origen, sustento, y destino de todas las cosas”, según Rom 11:36.)

Enfatiza también Pablo que “los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo” (13:3). Bajo ninguna circunstancia afirmó que el emperador, ni las autoridades ni los magistrados, reemplacen a Dios. Mucho menos dice la carta que persona alguna gobierne en el lugar del Altísimo, ni que pueda gobernar para los malos, ni que pueda infundir terror a quien hace el bien.

Tampoco afirmó el apóstol que gobernante alguno tenga la última palabra —ni que el llegar al poder implique que un gobernante vaya a ejercer con bondad o rectitud la autoridad que le ha sido delegada—. La historia muchas veces demuestra lo contrario.

Más bien, la afirmación de Pablo le estaba restando el poder absoluto al César, así como a cualquier gobernante que se jacte de algo. Toda autoridad es autoridad temporal; es autoridad parcial y delegada, supeditada al señorío de Jesús, a la justicia divina y a usarse para hacer siempre el bien.

Para el apóstol Pablo, el emperador no es “el señor”, por más poder que se jacte de tener. Por el contrario, fue Jesús —y nadie más— quien fue declarado Señor y Mesías (Rom 1:3-5). Fue Jesús —y nadie más— quien fue destinado a “gobernar a las naciones” con una política “de paz” (15:12-13)... con una política enteramente distinta a la política del César.

Entre varias exhortaciones, el apóstol dice que los verdaderos seguidores de Jesús están llamados a ser “sinceros en amarse unos a otros con amor fraternal” (Rom 12:10), “ayudando a los hermanos necesitados” y “practicando la hospitalidad” (12:9-13). Además, el llamado a los creyentes es a que “bendigamos a los que nos persiguen; bendigamos y no maldigamos” (12:14). Igualmente importante, los verdaderos seguidores de Jesús están convocados a “no pagar a nadie mal por mal” sino más bien a “vencer el mal haciendo el bien” (12:17, 21).

Sobra decir que este llamado ético es para toda la comunidad cristiana. No hay nadie que esté por encima, ni que se escape de él. No hay feligrés, ni apóstol, ni gobernante que esté al lado, ni mucho menos por encima, de Jesús ni de su política de paz.

* * * * *

Mucho más podría decirse sobre la afirmación con la que iniciamos... En tiempos de pantallas brillantes pero superficiales, aquí sólo cabe recordar que el reinado y el señorío del Crucificado nos exige cuidarnos de triunfalismos y de aires mesiánicos que pretenden convertir la Cruz en un garrote, en lugar de llamarnos a vivir bajo su sombra, abrazándola y atravesándola.

En ese sentir, terminamos con las palabras con las que cierra su carta el propio apóstol Pablo: “Que el Dios de paz sea con todos ustedes.” (Rom 15:33)


Para profundizar...

  • Apocalypse in the Tropics (documental en Netflix)

  • Freston, P. (2008). Evangelical Christianity in Latin America. Oxford University Press.

  • Horsley, R. (1997). Paul and Empire: Religion and Power in Roman Imperial Society. Trinity Press.

  • Perry, M. (2003). Under God? Religious Faith and Liberal Democracy. Cambridge University Press.

  • Phillips, E. (2012). Political Theology: A Guide for the Perplexed. T&T Clark.

  • Wright, N.T. (2013). ‘The Lion and the Eagle: Paul in Caesar’s Empire’, en Paul and the Faithfulness of God. Fortress Press.

Eduardo Sasso es Máster en Teología Interdisciplinaria y autor de Jesús Presidente, un experimento que explora el legado de Jesús de Nazaret para el mundo de hoy

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