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Cae la Mente Cavernícola: Fortaleza Mental para el Siglo 21

Updated: 7 days ago

“¿Quieres tener una vida fácil? Quédate entonces siempre entre la manada y piérdete entre la manada.” –Nietzsche 

Zurdo o derecho, norte o sur, capitalista o comunista, colonizado o colonizador, capitalista o comunista, público o privado — hay una historia oculta detrás del pleito eterno (y la tiradera de piedras) entre lo que aparentan ser sólo dos opciones...

Es sabido que nuestros antepasados primitivos vivieron épocas desafiantes. No tenían alumbrado eléctrico ni teléfonos para llamar a la policía. Vivían en cuevas sin puertas fuertes ni seguras. No contaban con cascos antibalas ni chalecos anti-garras.

Vivían más bien en un mundo de peligro constante. Tribus o desconocidos atacando. Manadas de animales feroces buscando a quien devorar. Colmenas de avispas con aguijones despiadados. El miedo reinaba y la incertidumbre también.

Siguiendo el instinto reptiliano, la mente evolucionó para tomar acción rápida ante ese tipo de situaciones de peligro. El clan invasor buscando arrasar con todo, el tigre hambriento sacando las garras, el hipopótamo atacando a colmillo desnudo. Los humanos en la selva se enfrentaban a dos alternativas: o arriesgarse para luchar contra el peligro o salir corriendo.

No había punto intermedio. No había matices. No había negociación. Era un camino o el otro: los cazadores y recolectores se enfrentaban a escogencias binarias —sí o no, ellos o nosotros, venenoso o saludable, morir o sobrevivir—. Impulsadas por instinto animal, así operaban sus mentes angostas.

mente cavernicola

Después de cientos de miles de años de enfrentar hostilidad tras hostilidad, los primeros homo sapiens consolidaron esa mentalidad cavernícola. “Nos cubrimos las espaldas entre nosotros,” decían, “y luchamos contra el resto”. “Nuestro clan es el ‘bueno’ y los otros son ‘los malos’.”

Suena simple y razonable, en teoría. Pero ¿qué pasa cuando todos los demás clanes piensan igual, controlados por el mismo instinto cavernícola? ¿Cuál de los dos bandos tiene razón? ¿Cuál es el ‘bueno’ y cuál el ‘malo’?

Ampliar la visión para captar los gradientes

La respuesta es fácil y a la vez compleja. En definitiva, todavía hay situaciones de peligro a las que hay que responder en modo blanco o negro. ‘O me quito del ferrocarril o me aplasta el tren.’ ‘O pago el recibo o me cortan la luz.’

Pero la mayoría de decisiones requieren una visión más amplia y contemplar tres, cuatro, o cinco alternativas.

Un ejemplo básico: las bolsas de supermercado. Las hay de plástico y de papel cartón. Las de plástico pueden ser de plástico virgen o de plástico reciclado; o bien, de plástico a base de insumos biodegradables. Las de cartón igual: recicladas y no. Pero las hay de tela también; a base de algodón, poliéster, bambú, o cáñamo. Cada tipo de bolsa tiene sus pros y contras. Algunas tienen más ventajas que desventajas dentro de un espectro triangular compuesto de más de dos opciones —y se requiere una mentalidad no-binaria para evaluar los gradientes—. (O se puede optar simplemente por no usar bolsas sino cajas reutilizables.)

Ejercitar los músculos de la mente

¿Cómo evitar las simplificaciones animalísticas y captar, más bien, el espectro y los matices en las decisiones de todos los días —sobre todo cuando las decisiones son mucho más complejas que escoger entre un tipo de bolsa u otro—?

El apóstol Pablo sugirió un camino simple: “Examinarlo todo; retener lo bueno y abstenerse de toda especie de mal” (1 Tesalonicenses 5). Léase: algo bueno (algo) se puede encontrar en todo.

Pero eso demanda esfuerzo. Así como el gimnasio sirve para ejercitar el cuerpo, el pensamiento crítico desarrolla la fortaleza mental. Y eso requiere vencer la pereza y, más bien, destinarle energía precisamente a leer y a pensar —a entrar en crisis y desgarrar los patrones cómodos de la mentalidad binaria para poder apostarle a otros mejores—. De lo contrario la persona permanece esclava a su mente de animal.

Un primer paso para ejercitar los músculos cognitivos es hacernos tres preguntas al enfrentar decisiones importantes:

  • ¿Cuál es el ‘norte’ final que debe orientar mi vida, la de mi familia, la de mi país, la del mundo entero?

  • ¿De qué maneras me acerca o me aleja esta decisión a ese ‘norte’?

  • ¿Cuáles creencias y hábitos de vida debo abrazar, y cuáles dejar atrás, para caminar en esa dirección?

Esa primera pregunta, por su puesto, es muy controversial. Vivimos en una era de relativismo en donde se nos dice que ese supuesto ‘norte’ no existe, sino que depende de cada quien escogerlo (o imponerlo) a su antojo. (Como si la vida fuera un simple supermercado.)

Este relativismo contrasta con lo que proclamaron los primeros hombres y mujeres del movimiento cristiano. Hace dos mil años, los apóstoles afirmaron a pulmón abierto que Jesús es ‘la estrella de la mañana’, el ‘alfa’ y la ‘omega’, el ‘principio’ y el ‘fin’. Estaban convencidos de que la vida de Jesús es el modelo que los creyentes están llamados a imitar. (Para eso en buena parte se escribieron los cuatro evangelios: para recordarnos cómo se ve en carne y hueso el Dios-hecho-hombre que vino a iluminar nuestro camino en el mundo.)

De ahí que, desde el día uno a lo largo de los siglos, comunidades cristianas han afirmado que la vida de Jesús es el ‘norte’ que orienta esa primera pregunta, y de ahí las dos que le siguen. Y esa reflexión requiere lo que Pedro el apóstol identificó como un “corazón misericordioso” y una “mente humilde” (1 Pedro 3) —no una mente terca ni cerrada—.

Construir mentes fuertes para un mundo complejo

Así que la fortaleza mental para alcanzar esa “mente humilde” se arraiga a su vez en al menos tres prácticas para salir de las trincheras binarias de nuestros antepasados cavernícolas.

Salirse de las burbujas — Es fácil y cómodo nada más hablar con quienes piensan como uno, dentro de las llamadas ‘cámaras de eco’ (echo-chambers). Pero hay que salir de lo habitual y conversar con otros —en especial cuando los algoritmos existen para dividir y no para integrar ni para unir—.

Detenerse a escuchar — Lejos de ver la oración o la meditación como un espacio para que Dios nos oiga (y nos oye), los espacios de silencio deben más bien llevarnos primero a leer y a escuchar. Lejos de decir: “Señor, escucha que tu siervo habla”, debemos decir “Señor, habla que tu siervo escucha.” Por su parte, esto requiere una postura de maravillamiento ante la Fuente de Vida en todo su misterio.

Cuestionar — En lugar de comenzar por creer tener de antemano las respuestas, debemos primero hacernos otras preguntas; por ejemplo, “¿Estaré escogiendo el camino correcto?” Pausa. “¿Tengo sólo dos opciones o hay más alternativas?” Pausa. “¿Qué hay de honorable y memorable en esta situación, y qué debo evitar o descartar?” Pausa. “¿He leído al menos cuatro puntos de vista suficientemente diferentes?” Pausa.

Reformular — Fuera de ver al ‘otro’ como un ‘enemigo’ (o de caer en la trampa infantil de creer que mi lado es ‘el bueno’ y los demás ‘los malos’), tener una mente humilde exige reconocer que toda persona es imperfecta. Como han enfatizado los teólogos a lo largo de la historia, la línea entre el bien y el mal no está entre ‘mi equipo’ y ‘el otro’ sino que atraviesa el corazón de cada persona. En mayor o menor medida, el mal se ha arraigado en cada uno de nosotros. De ahí que la postura debe ser una de respeto, reconociendo que hay luz y oscuridad en cada quien. Como descendientes de cavernícolas, necesitamos ayuda para dejar atrás la mente cavernícola.

*

En resumen: lejos de reducir la complejidad de las cosas creyendo todo se trata de una moneda con dos lados, urge reconocer que la vida es más como una esfera con caras infinitas. La fortaleza mental se alcanza incorporando otras perspectivas, interactuando con la realidad desde diferentes puntos de vista y así aproximarnos mejor a la naturaleza compleja de las cosas.

En una sociedad cada vez más dividida y ensangrentada, es hora de dejar caer la mente cavernícola y ejercitar, más bien, la capacidad de integrar distintas perspectivas. Los desafíos del siglo XXI no están para simplismos; están para mentes humildes, mentes fuertes, mentes nobles.

Eduardo Sasso es Máster en Teología Interdisciplinaria, ingeniero en economía circular, y el autor de Jesús Presidente, un libro reviviendo el legado de Jesús de Nazaret para el mundo de hoy.

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